Al conductor desconocido


al conductor desconocido

23 de junio de mil novecientos setenta y tantos. Noche de San Juan. Noche de hogueras. Noche de fiesta en la localidad de San Juan de la Canal – Soto de la Marina, a diez quilómetros de Santander. Como cada año esa noche es el comienzo del verano. También simboliza el fin del curso escolar, el comienzo de las vacaciones, del verano, quizás un amor estival. Tantas cosas por pasar. Yo tenía 14 años. Desde que tengo recuerdo nunca me la había perdido esa fiesta, iba todos los años.

El día anterior mi madre me había castigado sin salir de casa por algún motivo que ya ni me acuerdo seis décadas después. Pero mi padre llegó a casa y empezó a echarle la bronca a mi madre por haber dejado un bote de un producto de limpieza encima de la mesa del salón. Yo, no entendía a qué venía aquella bronca pero para evitar el enfado de mi padre cogí el susodicho bote de limpieza para guardarlo pero mi padre me ordenó que lo dejase donde estaba porque esa era la obligación de mi madre. No supe qué hacer: ¿obedecer a mi madre o a mi padre? No hice nada, por ello recibí un premio de mi padre (y me imagino que también la decepción de mi madre), me levantó el castigo de mi madre y me llevó a la fiesta.

Volvía a las tantas de la madrugada con mi padre en su Ford Escort recién comprado. Con cierta alarma vi que el coche circulábamos con cierta tendencia hacia el lado izquierdo de la carretera.  Le miré a mi padre buscando alguna explicación pero él no decía nada así que debía ser algo normal. El coche cada vez iba más por la izquierda, durante mucho rato. Miraba a mi padre y él iba normal, hablando normal, mirando a la carretera pero sin verla.
En una recta, a lo lejos, aparecieron los separados focos de un camión. Creo que mi padre tenía puesto el alumbrado de carretera (la luz larga) porque le vi perfectamente los  gestos y rasgos del conductor. Hizo una serie de gestos desde su alta cabina del camión-hormigonera para que no fuésemos de su carril. ¿Qué pensaría? ¿me vió? ¿vio a un niño asustado en el asiento del copiloto?

Cuando estuvimos a punto de chocar frontalmente con él, dio un volantazo y se salió por su parte derecha de la calzada, levantando polvo o humo, y volviendo otra vez a su carril normal supongo que después de dar unos volantazos para dominar el pesado vehículo. Mi padre ni se enteró, siguió conduciendo como si no hubiésemos estado a punto de morir.

De vez en cuando pienso el aquello, durante décadas. No hubieramos sido ni una pequeña nota en la sección de sucesos: “Accidente mortal de dos vehículos”. Ahí hubiera acabado mi vida sin apenas empezar.

Por todo ello te doy las gracias a ti, camionero, conductor desconocido, que no tenías porqué haber dado ese volantazo, que no te iba nada en ello porque el camión ni se hubiera dañado. Gracias por poner en peligro tu vida para salvar la mia. Gracias por evitar mi muerte, por darme una oportunidad, un tiempo extra. Gracias. Gracias a todos esos conductores que aun teniendo la razón  de su parte se salen de la carretera para evitar daños a los demás. Gracias.

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